
Machu Picchu
· La ciudadela en las nubes ·
A Machu Picchu se puede subir andando o en autobús. A pié lleva más de una hora, pero yo no tenía prisa. Empecé a caminar a las 4:30 am, para estar arriba esperando cuando abrieran las puertas a las 6. La subida no es demasiado bonita, porque no se ve nada, es de noche a esas horas, aún así merece la pena.
A las 6 abren las puertas, pasé y allí estaba. El Machu Picchu escondido entre las nubes. No se veía nada más allá de un par de metros. Algunos se quejaban de no poder ver las vistas, los andes alrededor, yo estaba feliz. Era precioso, todo aquello envuelto en el blanco inquebrantable de las nubes.
Fui directo al Huaina Picchu. La montaña de al lado. Muy muy alta, tanto, que al verla pensé que no me atrevería a subirla, pero no daba miedo, las nubes no permitían ver lo alto que estaba. Justo antes de la cima hay más ruinas, que parecen sacadas de los sueños de Tolkien, pero seguía sin verse nada. En la cima del todo había a un montón de gente que celebraba la ocasión compartiendo comida y bebida. Una gente genial.
Después de dos horas arriba, justo cuando me disponía a volver a la ciudadela, las nubes se abrieron de golpe, ahí estaba el Machu Picchu, mágico. La mejor vista que se puede lograr de las ruinas. Había visto todo el sitio encerrado en el velo de las nubes blanquísimas, y el resto del día disfrutaría del lugar completamente despejado.
De vuelta a la ciudadela me asusté por la multitud. Así que me fui al puente inca, uno de los antiguos accesos a Machu Picchu. A los Incas no les gustaba subir montañas, les gustaba moverse sobre ellas. La vista desde allá era increíble. Y además no había nadie, a diferencia de el sitio central de las ruinas. Me quedé solo allí, y aproveché para sentir y disfrutar la majestuosidad del lugar.
Cuando volví, por tercera vez, al centro de las ruinas ya casi no quedaba nadie. La gente va, lo ve rápidamente y se vuelve a su casa a toda prisa. No lo puedo entender, yo me quedaría allí por días, o semanas. Pero es genial que se vayan, porque así lo puedes disfrutar en calma, como debe ser. Machu Picchu es una experiencia por su naturaleza tanto o más que por sus ruinas, y merece la pena disfrutarlo en silencio y tranquilidad.
Entonces busqué una esquina desde donde se veía todo y me quedé mirando y disfrutando.
Ese lugar es todo magia. Un templo para estar cerca de los dioses o del espíritu de la naturaleza o de lo que sea que crea cada cual. El lugar ideal para elevar el alma.